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Fincas que leen el agua a distancia

Publicado hace 4 mins

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Noticias sobre administración de fincas | Nuevas Tecnologías en el Hogar


  • La toma de datos de forma remota evita la entrada en la casa de desconocidos y mide el consumo con más exactitud.

A la lectura manual del contador de agua le va llegando la hora de jubilarse. Cada vez más comunidades de propietarios acuerdan sustituir sus viejos equipos por otros más modernos que permiten la toma de datos a distancia. Y no porque sea obligatorio, aunque en Bruselas se está elaborando una directiva que podría exigir a los Estados miembros que los contadores de agua sean de lectura remota a partir de 2020.

agua Fincas que leen el agua a distancia

Aunque la reconversión del parque de contadores no será inmediata. Son muchas las fincas, sobre todo las antiguas, que siguen siendo analógicas y cuyos vecinos tienen que abrir la puerta cada dos meses a un técnico de la compañía que se encarga de apuntar las lecturas. Piso a Piso. Estos contadores están en el interior de las viviendas, por lo que en ausencia del propietario es imposible tomar la lectura. En este caso, la compañía realiza estimaciones de consumo que dan lugar, en muchas ocasiones, a facturas más altas.

Las ventajas de la lectura automática son varias. No es necesario que un desconocido entre en las viviendas, ya que el técnico recoge los datos con un dispositivo móvil desde la escalera o bien los contadores se comunican con un aparato llamado concentrador instalado en el edificio, que a su vez envía los datos a la compañía encargada de la gestión de los consumos”, dice Ignacio Abati, director general de la compañía Ista, que tiene instalados unos 250.000 contadores de agua de lectura remota en España (más de un millón si se incluyen también aparatos de lectura analógica y repartidores de costes de calefacción). La lectura es diaria, pero se envía a la compañía en bloques semanales (cada semana se trasladan las lecturas de los siete días anteriores).

Esto garantiza que la compañía puede tomar los datos de todos los pisos, de forma que cada vecino paga por lo que consume, sin estimaciones de consumos. Además, el propietario puede acceder a sus consumos diarios por Internet. “Creemos que cuanta más información tenga el consumidor y más rápido tenga acceso a ella podrá tomar mejores decisiones para ahorrar. Solo puede ahorrar aquel que tiene información rápida y frecuente de cómo, dónde y cuándo consume su propia energía.”, indica Abati. “Pueden llegar a ahorrar hasta un 15% de agua”, añade. También se evita la presencia de una persona en la comunidad con el consiguiente ahorro de costes, y se gana en precisión, dado que la automatización de los procesos suele ser más fiable.

En el mercado trabajan entre 15 y 20 empresas de lectura remota y ofrecen tanto la venta de contadores de radiofrecuencia como el alquiler. El coste para cada propietario es de unos 50 euros si adquiere el equipo. El alquiler (incluye contador, módulo de radio, servicio de lecturas y mantenimiento) sale por 1,30 euros al mes. Eso sí, la compañía exigirá una permanencia de unos cinco años para recuperar la inversión.

Garantías

¿Qué garantía tienen los medidores automáticos? ¿Cómo sabe el cliente que lo que te cobra la compañía es real? Los consumos se pueden seguir leyendo como siempre, de forma manual. El propietario puede ir al contador y comprobar que la cifra que mide es la misma que se envía de forma remota. “El hecho de introducir estos sistemas de lectura remota es compatible con la visualización del contador. De esta manera, cada usuario puede realizar la comporbación siempre que lo considere oportuno, igual que con el sistema de lectura convencional”, dice Salvador Díez, presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España (GCAFE). Además, en caso de duda la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) ha elaborado un protocolo de auditoría, de forma que las fincas pueden solicitar una auditoría independiente para garantizar que el producto instalado y la forma de lectura se realiza en base a unos mínimos de calidad.

Sandra López Letón

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